Universidad y patriarcado

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IEC-CONADU. Jueves 26 de agosto del 2021

Con participantes de todo el país, el segundo encuentro del ciclo para debatir y construir la universidad que queremos tuvo por centro el orden patriarcal, la desigualdad de género y las políticas de diversidad en las casas de estudios superiores.
 

 
En el marco del segundo encuentro del ciclo Democrática, popular y feminista: la universidad que queremos, organizado por el Instituto de Estudios y Capacitación (IEC) de CONADU, se realizó ayer, con masiva concurrencia, el conversatorio virtual titulado “Universidad y Patriarcado”. En esta edición, de punta a punta del país, compartieron experiencias, reflexiones y propuestas Sandra Torlucci, Graciela Morgade, Erika Moreno, Andrea Torricella, Alejandra García Vargas y Néstor Artiñano.

Yamile Socolovsky ─directora del IEC, Secretaria de Relaciones Internacionales de CONADU e integrante de la coordinación del espacio de género de la CTA─ contextualizó la discusión sobre universidad y patriarcado en un proceso que fue tomando cada vez mayor fuerza en la sociedad, en la universidad, en los sindicatos y, muy especialmente, al interior de la Federación Nacional de Docentes Universitarios: “Hemos ido reconociendo problemas, planteando estrategias para enfrentar esos problemas, fomentando intercambios y encuentros de producción de diversa índole. Y creemos que este es un momento para actualizar y volver a desplegar esta agenda; que es una agenda debate pero también de militancia sobre la sociedad que queremos y la universidad que necesitamos”.

La propuesta de una universidad democrática supone que tiene que ser popular y feminista. Así lo explicó Socolovsky: “`Universidad y Patriarcado´ parte de la idea de que necesitamos seguir identificando cuáles son las claves de la desigualdad. También, las formas de la exclusión y de las violencias que anidan en esas exclusiones y en esas desigualdades dentro de la universidad, pero asimismo en las trayectorias que preceden a la posibilidad de la llegada a la universidad y en las que continúan”.
Socolovsky invitó a pensar la universidad como un factor de transformación cultural y a la vez como un territorio en disputa: “Esto nos obliga a revisar qué le pedimos a la universidad o de qué manera necesitamos que la universidad intervenga en la disputa por la construcción de una sociedad democrática, igualitaria y con justicia social”.

Con esta tarea, Belén Sotelo ─coordinadora de actividades académicas del IEC─ enfatizó en la importancia de la organización colectiva, muy especialmente en épocas de pandemia, y de “articular procesos colectivos que nos permitan construirnos, reconocernos en una lógica que tienda a romper con las fuertes tendencias individualizantes de la política académica. Sobre todo ahora, que no tenemos siquiera el espacio físico del edificio de la universidad para encontrarnos”.

En su intervención, Andrea Torricella ─investigadora del CONICET, profesora de la carrera de Sociología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), coordinadora del Área de Género y Sexualidades de la UNMdP y referenta regional en la Comisión del Protocolo del CONICET─ presentó a la universidad, y al sistema científico, como una institución patriarcal.

“Lo que estamos haciendo desde distintos ámbitos y el feminismo en las universidades es transformar esos espacios. En dos sentidos: por un lado, en lo que la universidad hace con respecto a la sociedad; pero también en la universidad como espacio de construcción de sociabilidad, de subjetividad, de emociones, de formación, y de vínculos. Ese espacio donde quienes trabajamos y quienes estudian en la universidad construyen su vida. Y donde se produce género/sexualidades en esas propias prácticas”.

En ese sentido, Torricella planteó como válido preguntarse cómo construimos una universidad y qué estamos haciendo cuando construimos esa universidad que queremos: “Hay distintas formas y caminos posibles en eso que es una universidad feminista”.

La licenciada y doctora en Comunicación (especialista en Políticas de Cuidado con perspectiva de género) Alejandra García Vargas situó su recorrido como docente e investigadora en la Universidad Nacional de Jujuy, que tiene un papel histórico transformador tanto en la construcción teórica y conceptual como en la praxis y su incidencia en el conjunto de lo social.

“Las universidades somos instituciones que cumplimos un rol en términos de la elaboración de las representaciones colectivas. Entonces participamos muy activamente en aquellas tensiones que tienen que ver con los modos de definir históricamente las experiencias de los/las/les sujetos/as/es, y en ese sentido nos posicionamos políticamente. Esos posicionamientos políticos también promueven ciertas interpretaciones en relación al género y las sexualidades, y tienen que ver con la naturalización o bien la lucha contra el sexismo, la homofobia, la lesbofobia, la transfobia, el orden patriarcal, la discriminación social, cultural y económica referidas a esas experiencias. Que, además, en un contexto como el de la provincia de Jujuy, ubicada en el área surandina, implica una serie de interseccionalidades importantes”.

Desde el otro extremo de la Argentina, Érika Moreno ─activista de la Red Diversa Positiva, trabajadora no docente de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF), sindicalista de APUN, parte de la Intersindical de Diversidad y Disidencias, de la Intersindical contra la violencia laboral y de la Mesa de Trabajo en el área de Género de la FATUN, e impulsora del cupo laboral travesti/trans en el sector docente y no docente─ recordó las palabras de Lohana Berkins: “Cuando una travesti entra en la universidad, le cambia la vida a esa travesti. Muchas travestis en la universidad le cambian la vida a la sociedad”.

Moreno hizo hincapié en el aporte del colectivo en la construcción de la universidad y de la sociedad que queremos: “Nosotras que venimos de un sector sociocultural sesgado, que hemos vivido en pandemia durante décadas, tenemos un aporte maravilloso. Somos docentes socioculturales, porque vemos a la sociedad desde otro punto de vista, de otra manera por todas las vicisitudes que atravesamos. ¿Estamos listes, estamos preparades para hacer un cambio sociocultural? Yo creo que sí”.
A su turno, Néstor Artiñano ─decano de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata, integrante del Comité Asesor de la Mesa Interministerial para el abordaje de casos críticos y alto riesgo en Violencia de Género del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires─ aportó a la reflexión a raíz de su trabajo con varones.

“Suele aparecer muy frecuente la idea de la deconstrucción. Pero generalmente se utiliza como reclamo para los varones heterosexuales o como exigencia individual. Y en realidad creo que es una cuestión que está bien pero que no alcanza. Me parece que debe hacerse extensivo a todos, todas y todes porque si estamos siendo protagonistas de una sociedad con tanta historia patriarcal y machista, es posible que nunca lleguemos a un estado de deconstrucción plena. Entonces, creo que estaría bueno pensar en términos de procesos cuando hablamos de deconstrucción. Y además superar la demanda individual hacia los varones heterosexuales para poder verlo también en las organizaciones, en instituciones, en los distintos niveles del Estado, en los medios, etcétera”.

En línea con las revisiones, Graciela Morgade ─doctora en Educación, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en licencia por su actual función como Subsecretaria de Participación y Democratización Educativa en el Ministerio Nacional de Educación─ aprovechó su exposición para hacer una fuerte invocación a mirar para adentro.

“Plantear y plantearnos, como colectivo universitario, ¿hasta qué punto las universidades en general se hacen cargo/nos hacemos cargo de que formamos docentes? A 15 años de la votación de la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral podemos decir que no hay una mirada unívoca respecto de si la ESI alcanza o no a las universidades y a la formación docente universitaria”.
A partir de pensar en la ESI, Morgade puso sobre la mesa las complejas relaciones entre la autonomía universitaria (y la libertad de cátedra vinculada con esa autonomía) y las leyes nacionales.

Para finalizar, Sandra Torlucci ─profesora en Letras, investigadora, dramaturguista, poeta, rectora de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y coordinadora de la Red Universitaria de Género (RUGE) ─ planteó cómo pensar en la dupla universidad/patriarcado abre a pensar también en otras relaciones de la universidad: universidad y saber, saber y poder, androcentrismo, eurocentrismo y logocentrismo, entre otras.

“La universidad es patriarcal. Las artes por ejemplo casi nos caemos del sistema universitario. Nos tuvieron que incorporar porque desde las bases de las artes hubo una presión muy importante para que la universidad fuera considerada como tal. Para mí, eso es una muestra de lo jerarquizante, de lo meritocrático e injusto que es el sistema universitario. Y tiene que ver con las mismas cuestiones epistemológicas de las jerarquías patriarcales. Muestra claramente que el patriarcado dejó las emociones, los afectos, como una cuestión de lado para la producción de conocimiento. Recién con la lucha de los feminismos, las relaciones interpersonales y las construcciones de subjetividad pasaron a ser cuestiones del sistema universitario”.

El primer encuentro del ciclo Democrática, popular y feminista: La universidad que queremos se tituló "Educación superior, tecnologías, pandemia": se puede leer sobre él aquí y se puede ver en el canal de Youtube de CONADU.

Los próximos conversatorios estarán dedicados a “Investigar en la universidad. Revisando el Programa de Incentivos y el SIDIUN” (15 de septiembre) y “Tendencias de privatización y mercantilización de la universidad en América Latina” (1 de octubre). Para participar habrá que inscribirse a través de un formulario.