Educación universitaria, tecnologías, pandemia

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IEC-CONADU. Jueves 12 de agosto del 2021

Se realizó el primer encuentro del ciclo “Democrática, popular y feminista: la universidad que queremos”. Lo que la pandemia evidenció, los problemas preexistentes y la necesidad de garantizar el derecho a la educación superior.
 
 
 
 
Con una charla por zoom, el jueves 11 de agosto se puso en marcha el ciclo de encuentros para el debate Democrática, popular y feminista: la universidad que queremos, que el IEC-CONADU propone como un espacio para pensar los cambios que ha atravesado y que necesita atravesar la universidad argentina para garantizar el derecho a la educación superior. El primer encuentro, que tuvo el título “Educación universitaria, tecnologías, pandemia”, se concentró en intercambiar miradas y experiencias sobre el impacto del COVID en la práctica de la docencia y el aprendizaje. Participaron Pablo Vain (UNAM), Damián Del Valle (UNA), Glenda Morandi (UNLP), Mercedes Leal (UNT), Deolidia Martínez (Redestrado) y Esther Levy (UBA). Se puede ver en el canal de Youtube de CONADU.
 
La charla fue presentada por Belén Sotelo, coordinadora de Actividades Académicas del IEC, quien explicó que todo el ciclo está pensado en el mismo sentido que otras actividades de CONADU: ir más allá de los ámbitos del debate universitario para discutir de cara a la sociedad la necesidad de construir una universidad democrática, popular y feminista. Este primer encuentro –señaló– parte del objetivo de analizar, con una perspectiva federal, “cómo la pandemia puso en tensión la posibilidad de acceder al derecho a la universidad” y la necesidad de ratificar que la “presencia del Estado” es imprescindible para que se garantice su cumplimiento.
 
Damián Del Valle inició las intervenciones de los invitados, advirtiendo que la pandemia puso en marcha una suerte de “reforma silenciosa” en la que fue puesto en evidencia que el par “educación y tecnología” llegó para quedarse y que cualquier consideración sobre las desigualdades, asimetrías y dificultades, así como también las posibilidades, para garantizar el derecho a la universidad deberá necesariamente considerar esa cuestión. Recordó que en la Conferencia Regional de Educación Superior (CRES) de Córdoba, en 2018, el abordaje de la virtualización quedó prácticamente a cargo solo de las universidades privadas de perfil más marcadamente mercantil, sin que el sistema público hubiera tenido un posicionamiento claro al respecto.
 
Mercedes Leal repasó posibilidades que habilitó y problemas que evidenció la pandemia. Entre las primeras, apuntó: “Se innovó en formatos, algo que era criticado por esa estructura muchas veces pesada que es el sistema universitario. Se dio un movimiento muy interesante a nivel de las cátedras, en donde quienes estaban más familiarizados con la tecnología hicieron un trabajo colectivo”. Esta experiencia permitió incorporar otros recursos y alternativas pedagógicas e incluso permitió a les estudiantes que viven más alejados un acceso más equitativo que les permitió retomar o avanzar mejor en sus estudios. Además, destacó el apoyo de las instituciones de educación superior y del Estado nacional (en temas como la gratuidad de los datos) para llevar rápidamente adelante la virtualización. Entre los problemas que marcó Leal se encuentra que “evidenció las enormes asimetrías del sistema universitario”, con universidades que tuvieron más o menos dificultades para avanzar hacia la educación a distancia.
 
Para Esther Levy, la pandemia nos impuso el “desafío de preguntarnos sobre lo obvio”, es decir, de volver sobre preguntas tan básicas como qué es enseñar, qué necesitamos para enseñar o qué formación docente debemos tener en el nivel universitario para contar con herramientas que vayan “más allá de transmitir información”. “No son los recursos tecnológicos los que van a resolver esta situación sino cómo los docentes pensamos los recursos pedagógicos para poder enseñar con ellos”, resumió. En ese sentido, rescató el valor de las pedagogías críticas y la figura de Paulo Freire en este nuevo contexto y el hecho de que la formación docente universitaria es un derecho.
 
Deolidia Martínez advirtió que será necesario, desde el bienestar y la salud de los docentes, temas que trabajan en la Red Estrado, repensar la arquitectura escolar e institucional para llevar adelante las clases de aquí en adelante. Además, instó a pensar “cómo recogemos lo colectivo en lo virtual, cuando la educación ha quedado en manos de un sujeto en su casa que habla a un conjunto de alumnos de los que no sabe cuántos son ni qué les está pasando”.
 
A partir de una cita de T. S. Elliot que abre Respiración artificial, la novela de Ricardo Piglia, que plantea “Teníamos la experiencia pero perdimos su sentido, acercarse al sentido restaura la experiencia”, Glenda Morandi convocó a encontrar precisamente el sentido de esa experiencia de pandemia que estamos atravesando. Para ello, es necesario compartir y poner en común todo lo que se estuvo produciendo y reflexionando sobre el tema, para poder garantizar el derecho a la universidad a partir de esa experiencia inédita. En ese sentido, advirtió que “estuvimos los cuatro años del macrismo y antes de la pandemia buscando defender y restituir lo que había sido dañado por las políticas públicas neoliberales a partir de lo que el Estado había ido construyendo en el momento anterior”, pero la emergencia evidenció que también “había problemas no resueltos previos a la pandemia” que es necesario considerar, como la de la modalidad de la clase expositiva.
 
En la última de las exposiciones de invitados, Pablo Vain coincidió en que la pandemia tuvo un “efecto revelador de cosas que antes no podíamos percibir y que ahora vemos” y que, al colocar a las tecnologías en el centro, “corremos el riesgo de vestir con nuevos ropajes los viejos problemas, problemas que la tecnología no va a resolver”. En centro de la exposición de Vain estuvo posicionado en la cuestión de la otredad y de la representación del otro en la situación de enseñanza. La virtualización de la enseñanza –apuntó– desnudó la falsedad de lo que llamó el “mito de la presencia simultánea”, es decir, la ilusión tan propia de la presencialidad de suponer que porque el estudiante está allí está aprendiendo. La clase a distancia puso en primer plano estos problemas: “¿Qué sabemos acerca de la singularidad de esos alumnos? ¿En qué medida están realmente ahí presentes, participando de esa construcción del conocimiento?” Por ello, propuso “aprovechar este malestar en la cultura académica para fomentar la inclusión de ese otro y pensar la reconfiguración del sujeto alumno” y del espacio de enseñanza como “un espacio dialógico”.
 
Al cierre, luego de un espacio de preguntas, Yamile Socolovsky, directora del IEC, puso el foco en todo el ciclo que con esta charla se puso en marcha y en su vinculación con el sentido que CONADU entiende la acción sindical también desde la producción de conocimiento: “Esta es una conversación que no iniciamos hoy ni va a terminar hoy y que está guiada con un claro sentido político”. En el caso de la pandemia, acordó que espacios como este sirven para “pensar e identificar los problemas de esta experiencia de la pandemia y también los problemas preexistentes”, entre ellos el de la necesidad de profundizar los procesos formación docente universitaria. “CONADU asume la obligación de seguir generando los espacios para pensar lo que está pasando pero también lo que queremos que pase”.

La charla completa se puede ver en el canal de Youtube de CONADU. También editamos un cuadernillo con esas intervenciones.

El próximo encuentro se ocupará de “Universidad y patriarcado” y será el 25 de agosto a las 18. En nuestras redes sociales publicaremos el formulario para inscribirse.