Ana Lúcia Gazzola

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IEC-CONADU. Jueves 28 de abril del 2022

Profesora emérita y ex-rectora UFMG. Directora de IESALC-UNESCO 2006-2008 y coordinadora de la CRES 2008. Co-coordinadora de Kairós.
 


 
 
Usted ha sido protagonista de varios de los cambios más importantes en América latina en cuanto a ensanchar institucionalmente los márgenes de los derechos a la educación superior y al conocimiento, en cuanto a definir a la educación superior como bien público y social y una concepción latinoamericana de la universidad. Todo esto es muy contrastante con los debates que se esperan en la Cumbre Mundial de UNESCO en mayo. ¿Qué puede pasar allí?
 
Empiezo un poco con historia. En 1998, cuando se hizo la primera Conferencia Mundial de la UNESCO, se estaba discutiendo en la Organización Mundial del Comercio (OMC) la inclusión de la educación, especialmente de la superior, en los acuerdos del GATS (General Agreetment on Trade in Services: Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios). Esto significaba que cualquier país que firmara esa inclusión no podría tratar de manera diferenciada la educación importada que venía de los países hegemónicos, tenía que tratarla de la misma manera que a la educación nacional, con los mismos subsidios y apoyos. Obviamente estaríamos en las manos de grandes grupos educativos, especialmente de los países de habla inglesa, aunque no solamente. A mediados de los 2000, yo estaba entrando como rectora en mi universidad y ya tenía contacto con Marco Antonio Rodrigues Dias (brasilero, que había sido organizador de la Conferencia Mundial del 98 como director de la Educación Superior de la UNESCO) y Jorge Brovetto (ministro de Educación de Uruguay). Mi universidad había entrado al Grupo Montevideo. Eso se hizo una bandera de ese grupo. Aquí en Brasil tuve el apoyo de rectores y rectoras progresistas hasta que conseguimos el respaldo del ministro Fernando Haddad y del ministro de Argentina, Juan Carlos Tedesco, y el secretario de Políticas Universitarios, Alberto Dibbern, y los dos ministros hicieron un acuerdo para que Argentina y Brasil no votasen esa inclusión. Conseguimos una audiencia pública, hablamos y hubo una reacción fuerte en América latina y el Caribe, en aquel momento con gobiernos progresistas. A eso se juntaba una idea opuesta, que había sido definida en la Conferencia Mundial del 98, que fue en su primer momento un concepto de educación como bien público, derecho universal y deber de los Estados. Esa reunión la había marcado Marco Antonio Dias y sus documentos están válidos hasta hoy, porque en la Conferencia Mundial siguiente no hubo documento final. En el 2003, cinco años después, la UNESCO convocó a la reunión Paris + 5. Marco Antonio ya se había jubilado, pero nos avisó que había un movimiento en curso en la UNESCO para revisar los conceptos del 98, en la línea de que la educación se transformara en un bien público global, lo que cambia totalmente el sentido.
 
¿Cómo fue la reacción?
 
Nosotros, en ese momento, y eso comenzó en el Grupo Montevideo, comenzamos a decir que la educación tiene que ser un bien público social, que tiene que estar referenciada socialmente en las variadas culturas, expectativas y necesidades, no sólo de una sociedad, sino de las sociedades adentro de esa misma sociedad, de los grupos diversos en una perspectiva intercultural y sin prejuicios y con acceso universal, programas de asistencia, etc. Fuimos a la reunión del 2003 en un grupo que coordinaba el profesor Rafael Guarda, rector de la Universidad de la República, en el que yo era la portavoz, porque sabía hablar en ingles sin traducción y en las traducciones se pierde la contundencia y la dimensión política. Entonces, los latinoamericanos y caribeños nos articulamos e impedimos que se hiciera ese cambio.
 
¿Y cómo se llegó a la Conferencia Mundial de 2009?
 
Yo había sido directora del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) del 2006 al 2008 y habíamos realizado la Conferencia Regional de Educación Superior (CRES) de 2008, donde habíamos reafirmado de forma contundente los principios del 98 y habíamos ido más allá, con hojas de ruta y reuniones preparadas con toda la comunidad latinoamericana y caribeña. Fui a todos los países, fue una construcción muy participativa. En el 2007, UNESCO no hablaba de hacer una nueva Conferencia Mundial. Pero desde el IEASALC, otras redes y los rectores, los gremios, etcétera, decidimos hacer nuestra conferencia, sin importar la decisión de la UNESCO. Cuando yo comuniqué que íbamos a hacer la CRES 2008 ya la teníamos totalmente financiada y planificada. Ahí tuvimos 4500 personas en Cartagena, con mucha fuerza. Fue contundente. Vinieron varios de la dirección de la UNESCO y sacamos documentos finales muy importantes, contextualizando las necesidades, pero reafirmando los principios de la conferencia mundial del 98. Y ahí UNESCO hizo la Conferencia Mundial del 2009, con un tercio de las personas que tuvimos. En París hubo 1500 personas. Intentaron otra vez dar el golpe conceptual y político, pero hubo mucha gente participando y otra vez impedimos el gol. No hay ninguna duda de que esas dos fuerzas que existen en la UNESCO, la fuerza privatista y mercantilista y la fuerza progresista, están en permanente conflicto, y seguramente es lo que va a pasar ahora. La UNESCO está financiando todos estos eventos con grandes bancos, el BID y el Santander.
 
¿Qué acciones se están realizando para contrarrestar eso?
 
Yo soy vicecoordinadora del grupo Kairós, un grupo internacional de educadores que promueve lo que llamamos el tercer contrato social de la educación. Tiene los principios de la conferencia del 98, pero obviamente contextualizados en la realidad problemática y diversa del siglo XXI. Hablamos desde valores que deben ser solidarios, trasnacionales, humanistas hasta la superación de las deficiencias estructurales de la educación en los países en desarrollo. Tenemos un grupo que llamamos Estrategia CMS. Hemos tenido reuniones con el Presidente de España, con el ministro de Universidades, la ministra de Ciencia y Tecnología, con el Ayuntamiento de Cataluña, la secretaria general adjunta de Naciones Unidas, hemos hecho una documentación muy grande, incluso con el apoyo de la Secretaria General Iberoamericana (SEGIB), con el Consejo Universitario Iberoamericano (CUIB), primero para postergar la Conferencia Mundial que se iba a hacer en octubre del año pasado. En la crisis más alta de la pandemia, ninguno de los países de Latinoamérica y el Caribe iba a poder entrar. El Presidente y el Ministro dijeron que no podía ser en octubre y la UNESCO ha cedido y la movió para mayo. En ese momento, UNESCO lanzó algunos documentos que tienen un tono correcto, pero hay que leer lo que no está dicho. Por ejemplo, cuando hablan de educación como bien público no utilizan el adjetivo “social”. Eso me llamó la atención inmediatamente. El diablo vive en los detalles. No es un detalle, es un cambio conceptual y político.
 
¿Cuál es el rol del IESALC en la preparación de la Cumbre?
 
Tuvimos una relación positiva temporaria con el director de IESALC, que por primera vez no es latinoamericano o caribeño, pero es una persona de peso, correcta, que de principio dijo que trabajaría con ENLACES, con las redes, con nosotros, pero no lo hizo. Todo el proceso terminó en que llamaron a personas de confianza de ellos (algunos son de confianza nuestra también), pero no llamaron ni a un presidente de redes, ni a un presidente de rectores. Sus webinars duraban una hora, nada se profundizaba. El primero que fue de inclusión y pasó más del 60% del tiempo hablando sobre la inclusión de personas con necesidades especiales, lo que es obviamente necesario, pero poco de la cuestión socioeconómica, de las mujeres, de pueblos originarios, de afrodescendientes, como si no fuera una cuestión de inclusión. Así, algunos de sus webinars fueron mejores, otros no. Hicieron por internet una consulta pública, que obviamente no va a llegar a ningún resultado. Empezó una reacción, pero poca gente habló con el director del IESALC para decirle públicamente que está equivocado. En una reunión pública yo dije que la IESALC no representaba a Latinoamérica y el Caribe, que lo decía porque como exdirectora lo sabía. El IESALC tenía el papel de mediar, impulsar, ayudar a promover las diversas voces de la región y hacerlas llegar documentadamente a UNESCO. Yo dije que, como lo habían estructurado, ese proceso excluyó a las voces de los verdaderos actores y protagonistas de la educación superior de la región. En un escenario político de muchos gobiernos de extrema derecha, dejaban abierta la posibilidad de que desde las representaciones gubernamentales llevasen lo opuesto del progresismo y de los principios del 98. El director se enojó bastante. El 7 de abril, en el webinar de clausura, hablaron dos latinoamericanos y tres europeos para hacer la voz de Latinoamérica y el Caribe. Eso es un escándalo, una ofensa. El venezolano Luis Bonilla destruye eso en dos artículos que escribió. En mi opinión, dieron la espalda a las corrientes progresistas de la región. Fueron llevando la cosa de tal forma que el rector del Universidad Nacional de Córdoba, Hugo Juri, va a organizar en los últimos días de junio y primeros de julio una conferencia internacional en que vamos a revisar lo que se haya decidido en Barcelona, contextualizar, apoyar o no, y también concretar un programa de cooperación concreto con resultados Sur-Sur y Sur-Norte.
 
Ante ese escenario, ¿qué otros caminos o herramientas de pueden usar?
 
Son varias alternativas, porque el IESALC con su conducción ha conseguido unificar la región. Dejando para otro momento político la discusión de las legítimas diferencias, ahora es la hora de convergencia. Se hicieron varias cosas y la unificación regional avanzó mucho. Primero, redes y consejos han elaborado documentos excelentes y los están circulando. Te doy ejemplos. ENLACES ha hecho un documento excelente sobre los diez temas de la UNESCO y sumó uno, que es sobre las condiciones laborales de los docentes y no docentes. UDUAL ha hecho un documento muy importante. La SEGIB, a través de su CUIB, ha hecho un documento muy importante, redactado por los rectores de las universidades miembro y coordinado por Carlos Forero, de Colombia. Como esos, otros organismos se han manifestado por temas específicos u otros más grandes. Kairós ha intentado hacer un documento de convergencia con 33 puntos, elaborado por más de 200 miembros que son educadores de todas las partes del mundo, incluso una red de jóvenes investigadores, utilizando los documentos que nos hicieron llegar. Ese documento lo haremos llegar a Barcelona, donde van a ocurrir innumerables eventos, porque hay muy pocas invitaciones a la Conferencia y en UNESCO dijeron que pueden ampliar si sobran. Entonces, lo que va a pasar es que la gente va a presionar. El documento de GUNI (Global University Network for Innovation – UNESCO) lo van a tener que escuchar. Hay un capítulo sobre cada región del mundo y el nuestro es coordinado por el Presidente de GUNI de América Latina y el Caribe que es el Doctor Axel Didriksson. Todo esto me da la seguridad de que todos esos documentos convergen en los principios, están de acuerdo en las metas, se preocupan por la inclusión, la equidad, la pertinencia y la calidad. La gente se está organizando para ir con o sin invitación. Va a haber movimientos paralelos. Y aparte viene la conferencia de Córdoba, porque esa si es una respuesta política, regional, a la manera de cómo la UNESCO ha organizado todo esto. No vamos a aceptar que nuestra voz sea mediada por otros y que parezca que pensamos lo que no pensamos.
 
¿Y qué va a quedar de la Conferencia Mundial en sí?
 

Hay dos cosas importantes. Decidieron que no va a haber documento final. Eso tiene un pro y un contra. El pro es que sigue valiendo el del 98. El contra es que pueden y van a hacer alguna cosa, porque cambiaron la categoría del evento. Era un evento 1, gubernamental. Ahora es un evento 4, reunión académica. ¿Cuál es el riesgo de eso? No va a haber un documento votado por los países. En paralelo a la UNESCO, nosotros estamos trabajando con los ministros progresistas de América latina y el Caribe, particularmente México y Argentina, y también Chile, Cuba, Venezuela, etc. Axel incluso tiene la delegación de México para hacer acuerdos. Es muy importante porque esa articulación de los ministros ha sido realizada para tener una incidencia por ahí. El hecho de que no vaya a haber un documento aprobado por gobiernos abre la posibilidad de que la UNESCO haga el documento que quiera (como evaluación, síntesis, testimonio, report, el nombre que le den), lo utilice para decir que esa es la conclusión de la Conferencia Mundial y que los gobiernos menos preparados o atentos lo firmen.  Eso va a ser un problema.
 
Más allá de lo que tiene que ver con la coordinación política para dar estos debates, ¿qué otros caminos avizora para la integración regional, incluso en aspectos prácticos, como el plano de la movilidad, de articulación de planes de estudio y programas, de la producción del conocimiento?
 
Todos los documentos que he leído, también los 33 puntos de Kairós, tienen un apartado de esa cuestión. Hablamos de compartir programas, de investigación, de formación, de gestión, y naturalmente de movilidad, tanto de estudiantes, como de docentes y no docentes, aceptación de créditos, de cursos, de diplomas, etc. Eso es mucho más fácil de decir que de hacer, aunque se hace mucho. En el Grupo de Montevideo había un programa de movilidad que se llamaba Escala. Es un programa creado en la CRES 2008 por propuesta de Axel y mía. Hicimos la propuesta de crear el espacio latinoamericano y caribeño de educación superior, que tiene avances con sus dificultades. Tuvo, hace poco, su conferencia anual en Cartagena y la próxima creo que va a ser en Argentina. No queremos un proceso de integración como el de Bolonia. No queremos imitar procesos ni caminar en dirección a lo homogéneo. Reconocer créditos, cursos y hacer movilidad, para nosotros tiene que incluir la visión de la diversidad, de la heterogeneidad, de las diferencias fundamentales de las varias culturas que coexisten y los varios tiempos que coexisten en nuestra región. El futuro para mí pasa por estos tres puntos: movilidad, trabajos conjuntos de investigación y cursos compartidos y acreditación con diversidad, con reconocimiento de títulos y cursos. Hay un cuarto elemento importantísimo, que lo empezó a defender de manera muy contundente Pancho Tamarit, quien coordinó la CRES 2018, y es que la educación tiene que dar un salto de calidad, tenemos que caminar para crear un ecosistema regional de educación superior, ciencia, tecnología e innovación. Porque las cuestiones más graves que enfrentamos como región y como planeta no respetan fronteras: cambios climáticos, la cuestión hídrica, las pandemias, la pobreza, las migraciones, las guerras. Tenemos que enfrentar esos problemas de manera conjunta. Lamentablemente no lo hemos sabido hacer en la pandemia. Hubo una gran acción del sistema público de educación superior por país y hubo algunas estrategias regionales como por ejemplo de Argentina y México, trabajando la cuestión de producción y distribución de vacunas. Pero caminamos un pasito de todo lo que podríamos caminar de programas de vacunas, de distribución compartida de equipamientos de protección, de medicación, etc. Tenemos gente, investigadores, estructuras de laboratorio, pero nuestros gobiernos no lo hicieron. Tiene que ser una política pública regional. Y obviamente hacer contactos con sus similares de otras regiones. Esos cuatro puntos son fundamentales para la integración regional. La integración no puede ser condescendiente, homogeneizadora, tiene que ser horizontal, incluso hablando de cooperación entre universidades y otras entidades educativas no tradicionales, con el seguimiento de la sociedad civil, de los grandes grupos culturales, étnicos, que tenemos en nuestra región. El diálogo de saberes es parte de esa integración regional. No puede ser una integración solamente por la investigación de mayor impacto, más sofisticada, de avances científico-tecnológicos. Tenemos que trabajar integralmente con tecnologías sociales innovadoras, con programas de alfabetización, mejorar el nivel de la educación básica, la formación de maestros. Tenemos mucho trabajo, que lo haríamos mucho mejor si lo hiciéramos más integradamente. No con cooperación institucional, sino con cooperaciones sistémicas y sistemáticas.



 

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